Foxfonna. El ruido del silencio

Debido al manto blanco de nieve, es difícil diferenciar qué es glaciar y qué es montaña.

Mi segundo día en Svalbard prometía, ya que volvía a hacer senderismo por un glaciar… De hecho, si lo pienso detenidamente, iba a ser la primera vez que lo hacía, ya que cuando pateé un glaciar en Islandia, apenas me adentré unos metros, y lo de hoy iba a ser toda una ruta hasta el atardecer.

Trekking en Foxfonna

Aún con el recuerdo de la aurora la noche anterior, y después de un contundente desayuno, a las 10 de la mañana nos recoge Erlend y nuestro husky guía, DJ, de la agencia Svalbard WildLife Expeditions, empresa gracias a la cual he podido realizar este trekking y el del día siguiente hasta Trollsteinen

El día comenzó en sus oficinas, indicándonos qué íbamos a hacer durante el trekking, la ruta que íbamos a seguir, y recibiendo algunas indicaciones, el material que nos iba a ser necesario así como la comida que tendríamos a medio día.




Éramos un grupo pequeño, ningún español, y confieso que lo agradecí, ya que este viaje tenía para mí la intención de ser de disfrute casi egoísta. Pensaba en que me vengo a este rincón del mundo, y lo que menos me apetecía era ponerme a conversar en castellano, e incluso en inglés, sobre quién era, de dónde venía, y por qué se me había ocurrido viajar allí.

Quería estar a mi bola. Solo

La furgoneta nos llevó hasta el inicio del “sendero”, al lado de 2 enormes antenas, que pertenecen al EISCAT, Asociación Científica Europea de Radares de Dispersión Incoherente, en cuyas instalaciones, y diciéndolo de forma muy muy resumida, se estudia entre otras cosas la interacción del Sol con la Tierra.

La verdad es que la estampa es muy apocalíptica.

Con las raquetas de nieve y con DJ como guía, comenzamos nuestro recorrido, el cual sólo nos encontramos con un par de ciervos a unos cuantos metros de distancia. Toda nuestra compañía era el ruido de los pasos que dábamos en la nieve, y nuestra propia respiración.

Sin ruidos, sin viento, sin gente… Era impresionante verse así de solo y vulnerable, ya que como sabéis, mucha experiencia de senderismo y montaña no tengo, por lo cual estar lejos de cualquier núcleo urbano no era algo que hubiera vivido de forma frecuente.

Lo único que te hacía saber que no estabas del todo solo, además de tus compañeros de excursión, eran las huellas en la nieve de otros que por ahí habrían pasado días antes, pero si levantaba la vista, no era capaz de ver nada más que océano, montañas, glaciares, nieve… sólo naturaleza.

Qué pequeño me sentí, y con qué ganas lo disfruté.


Tenía la idea de que sería un trekking duro, pero no sé si la ilusión y la adrenalina hicieron que casi me pareciera un paseo, de hecho, el frío me pareció totalmente soportable, excepto en las manos que sufrieron en más de en una ocasión de un congelamiento doloroso. Culpa mía por no llevarme mejores guantes.

Sobre medio día, que alcanzamos una meseta, nuestro guía se puso a preparar una especia de iglú, aunque realmente era una pared de bloques de nieve donde podernos sentar. realizó cubos ayudado con una pala de forma que éstos se convirtieran en una “pared” y un respaldo para nuestras espaldas.



Mientras él hacía los bloques, otro del grupo y yo nos encargamos de cogerlos e ir haciendo ese pequeño refugio, aunque siendo sinceros, no hubo de qué refugiarse de nada ya que no había ni una pizca de viento. Tanto así, que en un momento antes de comer, se nos invita a callarnos del todo y oír el silencio del momento.



No miento si digo que creo que nunca había escuchado un silencio tan atronador

La hora de comer fue curiosa, ya que probé comida deshidratada, la cual estaba buenísima. Me imaginaba que iba a ser tipo pasta / noodles, o la típica sopa deshidratada que compras por poco dinero en el supermercado pero el que yo había cogido, que era chile con carne, estaba muy bueno. El otro “plato” era de carne de reno, y aunque olía muybien también, el regustillo picante del mío, creo que fue todo un acierto para ese día.


Antes de comenzar el descenso, junto con un café caliente bebimos una especie de té de frutos del bosque, pero que era un jarabe muy dulce al cual echarle agua dejaba de ser espeso y parecía una infusión dulce y afrutada (si alguien sabe el nombre que me avise), y con el agua restante de nuestros termos, hicimos la turistada del efecto Mpemba, el cual se produce cuando agua muy caliente se lanza en un ambiente muy frío, congelándose en el aire.

Yo ya lo había visto antes, pero el poder hacerlo fue muy curioso y espectacular

Con el estómago lleno y descansados, comenzamos el descenso con el Sol apenas algo más alto que la línea del horizonte, el cual nos fue acompañando así hasta que llegamos de regreso a la furgoneta.

Nuevamente no tuvimos ni viento, ni ninguna otra compañía. Al menos, compañía humana.



El azul del cielo comenzó a degradarse en tonos celestes, morados, violetas y rosas, y unos cuantos ciervos salieron a nuestro encuentro, de hecho se nos acercaron bastante.

No pudo haber mejor manera de decir adiós a Foxfonna




Sobre las 5 de la tarde volvimos todos a Longyearbyen. ¿Cansados?… realmente no, Aal menos yo no me sentía así. Estaba aún alucinando de la experiencia.

Seguro que en verano con menos nieve la estampa es igualmente especial, pero esa estampa blanca e inhóspita fue simplemente espectacular

 

4 comments

    1. Lo tienes a un mes y poco, no? era el 26 d mayo que te ibas.
      Tendrás mejor clima, me imagino aún habrá nieve pero no sé si suficiente para las motos de nieve. lo mismo con las cuevas de hielo que se estarán derritiendo, pero seguro podrás hacer montones de otras actividades que en invierno no puedes.

      Gracias por leer y si tienes dudas o algo, no dudes en escribir

      1. Correcto, el 26 de Mayo me voy, tienes razón quizás es un poco tarde con respecto a la nieve, pero tengo muchas ganas! Veré que puedo hacer. Y seguiré leyendo lo que subas que son una pasada! Disfruta!

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